lunes, 8 de diciembre de 2014

Sol de brujas

Sus ojos se bañaban con la luz que surgía entre las copas de los árboles. El reflejo del agua y su dulce murmullo se reflejaban en ellos. Sus labios pronunciaban palabras de esperanza mientras sonreía para sus adentros. 

Los latidos de su corazón se fundían con el zumbante sonido de las abejas sobre suculentas flores. Las lágrimas rozaban sus mejillas, y él sonreía. Se había quitado los zapatos y sus pies se entretejían con la fresca hierba mientras en sus zapatos se cobijaba de la lluvia una familia de hormigas. Hacía demasiado tiempo que el sol no brillaba entre las nubes de plata y añil. El calor del sol traspasaba todas las barreras y las derrotaba, fundiéndose con el frescor de la lluvia de la tarde. Sol de brujas lo llamaban. Ya nada importaba. 

Las páginas del libro abierto estaban mojadas y la tinta desaparecía, las palabras se desvanecían como las promesas de un mundo mejor. Ya no quedaba nada por leer, por descubrir. Estaba despierto en un sueño eterno, donde no existe el bien y el mal, amigos o enemigos, tristeza o felicidad. Pero lo sentía todo, como el recién nacido que abre los ojos por primera vez. 

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