A lomos de un corcel de nácar se pasea por los bosques del norte una mujer desnuda.
Expulsada del mundo de los seres de la Bruma, vaga con el corazón helado y unos ojos sin pupilas.
Su larga cabellera cae sobre el lomo de su caballo y se arrastra entre las raíces de los árboles.
No pertenece a ningún lugar. No está viva ni está muerta. Ayuda a los viajeros perdidos en la niebla.
Si tienen un corazón lleno de bondad les mostrará el camino a su hogar
pero si en su corazón albergan un resquicio de maldad,
les llevará hasta La Ciénaga. No sentirá lástima por ellos porque nadie sintió lástima por ella.
No busca venganza por su cruel pasado, solo justicia.

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