A ver, os lo voy a plantear así de sopetón a ver si os parece una buena idea. ¿No creeis que se debería montar un bar de playbacks? Hablo desde el desconocimiento porque realmente no sé si existen. Ojalá. Porque, seamos sinceros, ¿cuántos de vosotros tenéis suficiente voz como para cantar en un karaoke? No os engañeis pensando que uno va allí a pasárselo bien. Porque, vale, tú te lo pasas bien, pero el resto de seres humanos sufren, mucho, al oírte cantar. Y tú porque estás concentrado y crees que por saberte la letra y no hacer más de dos gallos ya eres la nueva superstar pop, pero siento decirte que no. Pero, eh, yo te comprendo, vivo como tú, y como el resto de seres humanos a los que la madre natura decidió compensar la falta de oído musical con belleza shupremah. El primer paso es aceptarlo. Respira hondo e intenta recordar cuántas veces te han dicho tus amigos que les cantes algo. Intenta recordar muy fuerte. Ninguna, ¿verdad? No pasa nada. Cuanto antes te seques esas lágrimas de maricona al darte cuenta de la realidad, mejor. Ahora bien, ¿tienes carisma? ¿Dotes interpretativas para el mundo del espectáculo sin ser una drag queen venida a menos? Puede que lo tengas y no tengas una buena voz (si no que se lo pregunten a Melendi). Bien, pues imagina un bar en el que puedes divertirte escuchando música y espectáculo de manera gratuita y, además, sin romperle los tímpanos a nadie. "Playback". Esa es la solución. Sería igual que un bar de karaoke, pero al que a la gente le gustase ir. ¿Os lo imaginais? Se que es difícil hacerlo pero sería maravilloso. Un mundo en el que puedes tener la voz de Whitney Houston sin caer en las drogas. Tú. Yo. I have nothing. Un escenario. Dando una clase de estilo interpretativo. Piénsalo.
Demasiado odio. Desde hace unos años solo veo odio. Y, lo triste es que, en general, es odio por desconocimiento. En una sociedad del "todo vale", ya no hay pautas que seguir y, como niños, pretendemos buscar algo con lo que guiarnos. Queremos abarcar mucho, queremos controlar nuestro entorno y a aquellos que se encuentran en él. Lo triste es que se comienzan a odiar conceptos y no personas. Odio mi país, odio las religiones, odio las armas... Pero, ¿cómo puedo odiar un concepto? Yo no puedo odiar un arma. Puedo odiar a la persona que la dispara. Yo no puedo odiar un país. Puedo odiar a las personas que lo han convertido en lo que es. Yo no puedo odiar una religión. Puedo odiar a las personas que la practican. Pero, en vez de dar la espalda a las personas, preferimos odiar conceptos. Nos sentimos revolucionarios, sentimos que nuestra verdad es la única y exclusiva. Que mi forma de vivir es la correcta y la tuya no. ¿Qué pretende la gente odiando conceptos? Si odias un país, ¿qué puedes hacer? ¿Huir de él? ¿Quejarte? Si odias una religión, ¿qué puedes hacer? ¿odiar a todos los que la practicar? ¿convencerles de que se equivocan? ¿Sentir que son unos ignorantes? Me hace gracia la gente que piensa que todas las religiones son basura y que son una especie de lacra de la sociedad. Como he dicho creo que es por desconocimiento. Ninguna religión habla de hacer el mal a los demás. Y repito, ninguna. Son las personas mezquinas aquellas que dicen actuar en nombre de una religión de la que desconocen su ética. Se escudan en órdenes divinas de destrucción y genocidio para hacer aquello que creen que es lo correcto. Obviamente están equivocados, y solo consiguen sembrar dolor tanto a sus "enemigos" como a aquellos que pretenden defender, "los suyos". Pero, en cambio, algunos ateos, grandes conocedores del alma humana y la verdad más absoluta, hablan de religión como el "opio del pueblo", como la "gran mentira humana". Dicen que los religiosos se engañan a sí mismos, que no les sirve de nada, que les hace menos libres. Tener una religión no te va a hacer menos libre. Porque tu religión es parte de tí mismo, algo que se encuentra en lo más profundo de tu ser, inalienable a tí mismo. Es tu pensamiento, tu ética y tu moral. La forma de ver el mundo y todo lo que habita en él. La religión te marca una serie de pautas para que tu vida sea más feliz, para que te separes de aquello que es voluble y te centres en algo seguro, permanente, que te ayuda a seguir adelante en momentos dificiles y te da paz en los momentos finales. Si un religioso se salta sus preceptos o los malinterpreta, la culpa no es de la religión ni del resto de practicantes. La culpa es de él, de su ignorancia y de sus actos. Por ejemplo, un párroco te dice que debes hacer algo por el bien de Dios a pesar de que tu sabes que no es lo correcto, que no es ético. Te apoyas en tu debilidad y en una especie de fe ciega en un hombre. Un hombre que puede estar equivocado porque es un hombre, como tú y como yo. Los conceptos no matan. Los conceptos no violan. Los conceptos no destruyen. Los conceptos no odian. Los conceptos no aman. Las personas, buenas o malas, son las responsables de sus actos. El conocimiento te dará la libertad. El desconocimiento te encerrará en una prisión de la que nadie te podrá sacar, salvo tu mismo. Hay esperanza.