martes, 23 de diciembre de 2014

Estoy tan blanca que...






Estoy tan blanca que... parezco una figura de Lladró
Estoy tan blanca que... podría ser extra en las películas de la saga Crepúsculo
Estoy tan blanca que... reflejo la luz del sol
Estoy tan blanca que... se podrían proyectar películas en mi frente
Estoy tan blanca que... si me quedo muy quieta, me convierto en una estatua
    Estoy tan blanca que... mi médico no necesita rayos X para verme por dentro
   Estoy tan blanca que... parece que me han lavado con lejía
   Estoy tan blanca que... podría ser la protagonista femenina de Powder: pura energía
   Estoy tan blanca que... mis amigas me utilizan como foco para las fiestas.
   Estoy tan blanca que... la Luna se refleja en mí.
   Estoy tan blanca que... llegando a transparente, juego al escondite con el hombre invisible.
¿Os acordábais de esa peli?

lunes, 15 de diciembre de 2014

La edad del cerdo

Es bastante interesante en la edad en la que estoy ahora mismo. No os voy a decir mi edad exacta (más que nada porque a nadie creo que le importe demasiado), pongamos que si estuvieramos en los Sims sería joven adulta. Bien, pues en esta edad es cuando comienzas a ver como es el mundo de los adultos. Y nosotros somos unos tiernos corderitos en una jaula de lobos. Estos corderitos van a tener que tragar mucha mierda, sobretodo de parte de adultos de picha floja a los que les gusta sentirse superiores intentando humillarte frente al resto de la sociedad en plan "soy un profesional y tu no tienes ni *** idea del negocio". A esta gente les envío un besote muy grande, un aplauso y, como colofón final, una bonita y amable patada en los huevos (a lo último invita la casa). Adoro la manera en la que se desquitan de sus problemas con tiernos jóvenes con toda su vida por delante y así te preparan para la vida adulta. Maravilloso.

Lo que ellos no saben es que todas las trabas que te ponen, solo te hacen más fuerte y con más ganas de no llegar a ser como ellos. Tristes, amargados, acomplejados y con un trabajo que probablemente no fuera su primera opción. Lo siento por vosotros, pero los jóvenes no tenemos la culpa de eso. Nos lo hacéis pasar mal a propósito y lo conseguís porque en realidad llevamos más de veinte años siendo unos críos y todavía no habíamos conocido a personas como vosotros (teniendo que escucharles, quiero decir).


Y, llegados a este punto, hay dos opciones. La primera sería bajar la cabeza sabiendo que seguirás tragando toda la mierda de los demás y acabar convirtiéndote en uno de ellos. Y la otra opción es ser fuerte hasta que pase el chaparrón y luego seguir a tu bola y ser fiel a tus instintos. Lo bueno de vivir este tipo de situaciones es que te ponen a prueba para saber si eso es realmente lo que quieres hacer con tu vida o simplemente debiste ir por el otro camino.


Nunca te arrepientas de lo que elijas. De todo en la vida se aprende y ninguna opción es la equivocada. La vida está para probar de todo. A veces tocan pipas pochas en la bolsa, ¡pero que eso no te impida seguir poniendote gorrino!


¡Mirad como se pone de helado el muy cerdo!
PD: Espero que hayáis entendido que todo lo que he escrito era una excusa para poder poner la imagen de uno de los gorrinillos más adorables que he visto en mi vida ¡Ayyyyyyy!



¡FELICES FIESTAS, MIS PEQUEÑOS GORRINOS! 
CEBAROS BIEN DE TURRÓN, ROSCÓN DE REYES Y LANGOSTINOS POR MÍ 

ME ACORDARÉ DE VOSOTROS CUANDO TOQUE LA OPERACIÓN BIKINI... ¡MUAHAHAHA!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Platónico dicen...

¿Sabes esto de que vas por la calle y cruzas la mirada con un desconocido? Seguro que te ha pasado miles de veces todos los días pero, vamos a concretar un poco.

Pondré un ejemplo de situación. Vuelves del trabajo o de clase, vas andando por la calle con prisa porque puedes perder tu tren, que sale en cinco minutos. Oyes en la estación que va a salir del andén y no corres, no se le puede llamar correr, digamos que vas por la estación prácticamente haciendo parkour para poder llegar a tiempo. Las puertas se cierran tras de tí sintiéndote Indiana Jones y, después de intentar quitar tu cara de "¿Lo habeis visto?", intentas buscar un sitio donde sentarte. Solo queda un hueco en tu vagón, y no te vas a poner a buscar más, así que incrustas tu culo como puedes y miras hacia delante y ¿qué ves? el amor de tu vida sentado frente a ti con sus cascos puestos y mirando por la ventana hacia la lejanía.


Aquí, en este preciso instante, es cuando la percepción que tienes de esa persona comienza a transformarse por momentos. Ya no es uno más del vagón. Es el amor que tanto has estado buscando y que aún no te conoce. El proceso sigue unas fases.


La primera fase es que le miras como de reojillo constantemente, intentando disimular esa extraña obsesión momentánea por un completo desconocido. Y ya te empiezas a preguntar cosas como ¿qué tipo de música estará escuchando? entonces le revisas de arriba a abajo y deduces que es un apasionado de la música rock... ¡Como tú! ¿qué coincidencia, verdad? Después analizas sus gestos... Está mirando a través de la ventana hacia lontanaza. Y ahora, muy atentos a la deducción más absurda que os podáis echar a la cara. Como mira hacia la lejanía, seguro que es una persona profunda y sensible. Venga vamos... Con un par de ***. Igual está trabadísimo mirando los edificios mientras escucha electrolatino (en ese caso se recomienda santiguarse). Pero, eh, eso sería muy poco profundo de tu parte porque te acabas de "enamorar platónicamente".


En una segunda fase, ya tiras por el físico (el orden de las fases puede estar sujeto a variaciones según la persona enamorada). Observas sus preciosos ojos, su sexy boquita de piñón, su encantador cabello despeinado todo hecho una maraña. Te está pareciendo encantador, irresistible. En el fondo quieres que te mire pero, cuando lo hace, miras para otro lado y sientes que vuelves a la adolescencia. Incluso puede que te sonrojes. Sabes que es ideal para tí, que estáis hechos the one for each other...


Y la tercera fase es la de "vuelta a la realidad". Es la parte más desalentadora. Después de habernos dado cuenta de que no estamos en un cuento de Disney y que las hadas y los unicornios no existen, entendemos la realidad. No sois un príncipe ni una princesa . Y, lo peor de todo, es que estás haciendo sentirse incómoda a esa persona porque, donde tú ves una historia de amor de un libro de caballería, el otro solo ve a una persona que no para de escrutarle con la mirada de arriba a abajo con ese extraño brillo en los ojos.


Exacto, ahora te sientes como el protagonista de la canción Every breath you take. 




lunes, 8 de diciembre de 2014

Alan Lee

Si Tolkien fue el más grande de los escritores de alta fantasía, Alan Lee es el que mejor ha sabido trasladar a imágenes aquello que solo se transmite a través de la imaginación. No son dibujos bonitos, ni dibujos realistas. Son, sencillamente, únicos.
Y luego estamos los simples mortales, que intentamos imitarles, sin éxito alguno, y que nos contentamos con el ya clásico: "podría ser peor".
Aquí os dejo mi pequeño bastardo,

Notificación

Si hay alguien por ahí que se pregunta cómo es posible que haya publicado más de cinco entradas en pocas horas, que no se asuste. No he tenido un  arrebato de inspiración ni me ha poseido un demonio del inframundo (ya lo siento), simplemente me acabo de mudar finalmente de blog (risas). Porque el otro no era con blogspot y era un poco difícil de manejar para las chorradas que escribo, era tan joven e inexperta cuando me lo hice... (suspiro)
Pero bueno, all in all, ¡ya me he mudado por tiempo indefinido al reino de la colina!, donde el tiempo no pasa y siempre corren el vino y la cerveza por sus extensos salones (y si no ¿cómo creeis que me inspiro? Estas cosas no se escriben solas...)

¡Bienvenidos, mis fieles cortesanos!

La realidad asusta

La realidad asusta. Nos da miedo hacernos mayores. Crecer. Y no es para menos. Llevamos años forjando una idea de nosotros mismos en el futuro y sabemos que esas expectativas no se van a cumplir. Todos recordamos ese día de escuela en el que la profesora acaba de escribir en la pizarra, se gira hacia sus alumnos, y les dice que escriban qué quieren ser de mayores en una hoja para luego decirlo delante de la clase. Si los sueños de esos niños se hubieran cumplido, tendríamos en el mundo hordas y hordas de peluqueras, bomberos, astronautas y policías.
Probablemente, esa profesora les mire risueña y le hagan gracia sus respuestas. Seguramente piense “pobres criaturas, no saben lo que se les viene encima”. Es más, en ese momento seguramente esa profesora cuarentona y soltera se pregunte en qué momento de su vida se torcieron las cosas. Puede que hubiera sido el día que le dieron las notas de selectividad que aparcaron su sueño de ser enfermera, o el día que descubrió lo mal que le sentaba el calimocho. O quizás fuera el día en  que renunció a ese trabajo en el extranjero para quedarse con su novio de la universidad que, varios meses después, la dejó tirada para irse a descubrir mundo con esa vecina brasileña tan simpática. Probablemente pensó que nunca debió dejar los porros. A pesar de todos esos vaivenes que le había dado la vida, todavía se consolaba con que tiene un trabajo con bastantes vacaciones, el par de amigas solteras que le quedan (las casadas hicieron pandi) hasta que descubran que son lesbianas, y los viernes que se salta la dieta de la alcachofa comiéndose  esa tarrina de helado Häagen-Dazs mientas ve por enésima vez Love Actually. Esta profesora de Primaria por lo menos se ha pensado un par de veces crearse un perfil en E-Darling. Idea que desechó porque eso es para “desesperados”.
Se lo que estáis pensando. Lo primero que puede que estéis pensando es en una palabra concreta: fracasada. O puede que estéis pensando: topicazo. Y, eh, no vais nada desencaminados. Pero hay gente que vive así y es mucho más común de lo que se pueda llegar a pensar. Afrontando la rutina diaria y habiendo renunciado a todos esos sueños que tenían cuando no medían más de dos palmos, y pensando todas las mañanas, mientras se miran al espejo, “¿Qué hice mal?”, ”¿cuándo se torció todo?”, “no lo entiendo, hice todo lo que se esperaba de mí”. Esta última frase es la clave. Hacemos aquello que se espera de nosotros y, además, no se nos da esperanzas de prosperar porque “son tonterías” o “son sueños locos”. Me ha pasado, y estoy segura de que a muchos de vosotros también. He tenido que oír frases como “Anda, anda, no digas tonterías” o “tú lo que tienes son muchos pájaros en la cabeza”. Y a esas personas yo les digo: sí, tengo muchos pájaros en la cabeza, y no pretendo que se vayan. Porque, puede que el camino ya se haya torcido. Puede que no vaya  ser una actriz de éxito o una superpopstar (creedme, no queréis que lo sea), y es muy probable que no consiga tener mi muy soñado hipogrifo. Y repito, muy probable… No pretendo renunciar a esa posibilidad tan fácilmente.
En el mundo de los sueños y la imaginación todo lo que queramos es posible, y eso los niños lo saben muy bien. Les enseñamos a renunciar a estos sueños, pero quizás seamos nosotros los que necesitamos aprender de ellos. Hay sueños grandes, sueños pequeños y, por supuesto, sueños absolutamente improbables ¡qué duda cabe! Pero ¿qué sería la vida sin esos sueños por muy remotos que sean? Nos proporcionan algo a lo que aferrarnos cuando lo vemos todo negro. Nos dan esperanza de que todo saldrá bien, que hay luz al final del túnel. Al final, puede que la profesora vuelva a los porros.
Eso sí, una cosa tengo muy clara, no seré yo quien les corte las alas a los pájaros de mi cabeza.

Sol de brujas

Sus ojos se bañaban con la luz que surgía entre las copas de los árboles. El reflejo del agua y su dulce murmullo se reflejaban en ellos. Sus labios pronunciaban palabras de esperanza mientras sonreía para sus adentros. 

Los latidos de su corazón se fundían con el zumbante sonido de las abejas sobre suculentas flores. Las lágrimas rozaban sus mejillas, y él sonreía. Se había quitado los zapatos y sus pies se entretejían con la fresca hierba mientras en sus zapatos se cobijaba de la lluvia una familia de hormigas. Hacía demasiado tiempo que el sol no brillaba entre las nubes de plata y añil. El calor del sol traspasaba todas las barreras y las derrotaba, fundiéndose con el frescor de la lluvia de la tarde. Sol de brujas lo llamaban. Ya nada importaba. 

Las páginas del libro abierto estaban mojadas y la tinta desaparecía, las palabras se desvanecían como las promesas de un mundo mejor. Ya no quedaba nada por leer, por descubrir. Estaba despierto en un sueño eterno, donde no existe el bien y el mal, amigos o enemigos, tristeza o felicidad. Pero lo sentía todo, como el recién nacido que abre los ojos por primera vez. 

SAIL-AWOLNATION

Loto: lo que no se ve

Todas las pequeñas cosas de este mundo tienen un significado, y eso las hace especiales. Imperceptibles a los ojos de los humanos que desconocen la historia y, por ello, que sea aún más especial para ti lo que representa. Un edificio es solo un edificio si no piensas en todo el esfuerzo y dedicación que ha costado realizarlo. Si no lo miras como a un ser vivo, para ti estará muerto. Los apasionados de la arquitectura verán mucho más: verán su perfecta simetría, su adaptación al ojo humano, sus columnas dóricas, sus triglifos y metopas, sus grabados y lo que significan... Su esencia.
Dentro de todas las cosas con significados ocultos, hay una de la que voy a hablaros. La flor de loto.
Loto sagrado
La flor de loto te puede parecer una flor cualquiera. Puedes saber su nombre técnico, los lugares en los que crece y su ciclo vital. Pero hay algo más, siempre hay algo más.
El loto es una flor que no importa lo profundas que se encuentren sus raíces o lo denso y oscuro que sea el fango que la atrape, siempre busca la luz para florecer. Siempre logra sobreponerse a los obstáculos y ascender hasta la superficie para abrirse y mostrar toda la belleza que guarda en su interior. Algunas culturas como la hinduista, la egipcia o la budista la llaman "el loto sagrado" porque simboliza la resurrección. El afrontar las dificultades y salir del pozo en el que te puedas encontrar. Hasta en los lugares más oscuros puede surgir un haz de luz por el que guiarnos hasta la superficie. Todos podemos resurgir de nuestras cenizas como el ave fénix o elevarnos en el fango que nos rodea como la flor del loto y, al fin, poder florecer.

American Beauty

"Era uno de esos días en que está a punto de nevar... y el aire esta cargado de electricidad. Casi puedes oírla. ¿verdad? Y esa bolsa está bailando... conmigo... como un niño pidiéndome jugar, durante quince minutos. Es el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas y una fuerza increíblemente benévola que me hacía comprender que no hay razón para tener miedo jamás. El vídeo es una triste excusa, lo sé, pero me ayuda a recordarlo; necesito recordar a veces que hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y que mi corazón va a colapsar"(American Beauty)

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Deber y esperanza- Cap.3

La noche fue larga y calmada pero la intranquilidad con la que había dormido todos esos años permanecía en su interior sin razón. Cuando hubo calmado su respiración, simplemente cerró sus ojos y descansó lo que pudo. Soñó con todas las cosas que la hubiera gustado hacer y no había podido por sus deberes con su pueblo. Haberse quedado en Lumen, convertirse en una maestra y disfrutar del verdor de las cañadas y colinas, las cuevas y los acantilados, el bosque y el olor de la hierba mojada. También le hubiera gustado instruir a su hermana en herboristería y enseñarle a distinguir y recolectar toda clase de plantas. No haberse perdido su infancia y haber podido consolar a su madre cuando mataron a su padre unos dientes de sable en Nocturnia. Haberse quedado con  Thelonil y haber vivido con él, olvidando lo que ocurría en el resto de Deä.
En su mente esos sueños se veían con tanta claridad que cuando despertó creía que habían ocurrido de verdad. Tardó un rato en distinguir los sueños de la realidad pero, cuando se dio cuenta de todo, la pesadez volvió a su cuerpo como si llevara una gran joroba sobre su espalda. Contuvo la respiración unos segundos hasta volver a la calma habitual.
Los primeros rayos de sol se colaron a través del tronco de la casa árbol. Llegó el momento de irse. Aima se miró al espejo. Su rostro era igual que la última vez, no había cambiado en nada, pero ella lo había hecho, no lo aparentaba, pero lo había hecho. Antes de salir se lavó la cara y observó que todavía quedaban restos de sus marcas de guerra en los ojos, con el paso del tiempo se iban disipando por la suciedad, el polvo y la sangre; pero en ella todavía quedaba un fino rastro. Con el dedo fue dibujando sobre su rostro los símbolos ancestrales que rodeaban sus ojos. Ella ya no sentía que fueran suyas aquellas marcas, las había olvidado hace tiempo. Cuando se las hizo de pequeña su madre le dijo “Aima, algunos titanes no llevan marcas pero, los que las llevan, es porque significan algo para ellos, les recuerdan de donde son, donde están o a donde se dirigen”. “Así que decide bien lo que quieres, pequeña”
En ese momento la pequeña Aima tenía claro lo que quería. El Sol Oscuro le recordaba de donde era, el lugar al que pertenecía y en el que creía que permanecería por el resto de sus días. Pero todo cambió el día en el que decidió convertirse en guerrera y dedicar su vida a la protección de todo Skymir y Deä; ella ya había desarrollado muchas aptitudes para este trabajo. Podía atravesar el corazón de un pez incluso antes de comenzar su instrucción. Su mirada de halcón ayudó también a que su entrenamiento fuera como un juego para ella y avanzara con mayor velocidad que el resto de sus compañeros.
Pero ella no podía evitarlo, estaba hecha para ser lo que era, para utilizar los poderes que se le habían concedido desde su nacimiento, solo debía escoger: amada o temida. En su caso era demasiado tarde para elegir. Sus compañeros habían elegido temerla porque es más fácil temer que ser lo suficientemente valiente para amar. Aima, con el tiempo, dejo de intentar ser amable con ellos, resultando inútil en la mayoría de las situaciones. Finalmente decidió centrarse en sus clases de herboristería y alquimia, además de seguir canalizando todo su potencial.
El único que aún intentaba acercarse a ella era Thelonil, pequeño y tímido, sin maldad en su corazón, que ni el ser más frío del mundo podría resistirse ante su bondad. Al final, tras haberla perseguido por los bosques, observarla mientras recogía flores y nadaba en el lago, Thelonil se atrevió a saludarla y, Aima, desconcertada, le saludó tímidamente.
No tardaron en hacerse amigos y pasar mucho tiempo juntos. Thelonil, con el paso de los años, se fue enamorando de Aima, pero nunca se le ocurrió decírselo. Ella siempre sospechó algo, pero ignoraba ese pensamiento. En ese momento de su vida no le importaba. Pero el tiempo no les dejó juntos para que lo adivinaran.
Cuando Aima acabó su instrucción la reclamaron en el Consejo de Ancianos enviándola a la lucha exterior a Skymir. Mientras tanto, Thelonil siguió con su instrucción y, cuando la acabó, se convirtió en maestro en Kirith entrenando a los jóvenes y curando a las centinelas que volvían heridas de la batalla.

Deber y esperanza- Cap.2

Antes de que se diera cuenta, la noche había caído sobre la ciudad y la gente volvía impaciente a sus casas a celebrar la llegada de sus héroes. Pero Aima no tenía a su familia en la ciudad. Su madre y su hermana vivía en Lumen, ayudando a los iniciados a encontrar su camino e instruirles. Su hermana era muy pequeña cuando ella se fue a luchar contra el ejército de devoradores del Rey Hereje en las calurosas playas de Anglin Laut, pero de eso hacía ya muchos años. Tuvo un vago recuerdo de su amigo Thelonil, el curandero. Era realmente afable, con la piel azulada y el pelo largo y blanco como la nieve de Kalea, la montaña más alta de su isla natal. ¿Qué habría sido de él? ¿Continuaría con su voto a Ireth o se habría casado con alguna joven de la isla? Un arrebato de celos se apoderó por un momento de Aima. Era el varón con el que había compartido más vivencias y no la temía por su poder, puesto que la conocía desde que eran unos simples aprendices. Los hombres con los que había luchado solo pensaban en las mujeres que habían dejado en sus hogares, hablaban de sus hijos y lo mucho que les echaban de menos. Era deprimente. Y cuando se acercaban a algún pueblo solo buscaban la compañía de mujeres muy solicitadas o intentaban conquistar a alguna joven que pretendía hacer su trabajo.
Aima para ellos era como uno más. Un ser al que había que respetar y obedecer. Apenas hablaban con ella y si lo hacían era para comentar algo sobre estrategia o traducir algún texto que estuviera en lenguaje thanirio o takeshian.
Aprendió a hablar takeshian al haber estado en Las Fraguas como mensajera durante un tiempo trayendo noticias de las diferentes batallas de los Reinos Mortales contra el Rey Hereje y su ejército. Ciertamente los takeshian le parecían más nobles que los humanos. Desde luego eran más simples e impulsivos pero mucho más abiertos y cariñosos, algo que agradeció en esos momentos. Eran buena gente pero lo que más aprendió Aima de ellos era a beber, a beber mucho. Prácticamente iba todos los días junto a sus amigos a diferentes tabernas de Las Fraguas. Desde luego la cerveza de allí era la más fuerte que jamás había probado y no recordaba por qué se despertó una vez junto a una mujer takeshian en los establos. La situación fue realmente desconcertante pero cuando la enana se despertó empezaron a hablar y se hicieron muy buenas amigas, compartiendo muchas jarras de cerveza hasta que tuvo que marcharse al Norte. 

Deber y esperanza- Cap.1

El barco oscilaba suavemente a través del mar de bruma que se extendía ante ellos. Poco a poco se podían divisar en el horizonte las pequeñas islas que formaban el archipielago de Skymir y, entre ellas, Thani. Su isla natal. Aima no recordaba cuanto tiempo hacía de su partida, en este mismo barco, hacia un mundo desconocido para ella. El mundo de los seres menores. Un lugar plagado de enfermedad, odio y muerte. La fresca brisa de la madrugada mecía su pelo azulado de un lado a otro y relajaba las jóvenes facciones de su rostro.
Los marineros del barco todavía dormían en sus camas. La noche anterior habían estado celebrando el hecho de haber sobrevivido a la batalla, y no se despertarían hasta que la capitana decidiera seguir navegando y, por fin, desembarcar en las abruptas costas de Thani. Las únicas que estaban en la cubierta del barco eran una pareja de titánides centinelas que vigilaban el barco para que no fuera abordado por algún jinete del aire desviado de su rumbo o enviado para atacar a los tripulantes. Pero a esa hora, en la que el sol apenas había salpicado el agua con sus finos y cálidos rayos, no era probable que ocurriera. Aima, absorta en sus pensamientos, apenas podía oír lo que decían las centinelas, que sostenían aún sus hachas como única defensa. Seguramente hablaran de la anterior batalla o se preguntarían lo que les esperaría a su vuelta a casa.
Por fin el cielo empezaba a abrirse y, con él, la Estrella del Día iluminaba las aguas despejando la niebla y mostrando el camino. De pronto, Aima escuchó la voz de la capitana Emethil, que aún se desperezaba y se frotaba los ojos mientras llamaba a los marineros:
  • ¡Levantaos! ¡ya es de día y tenemos que llegar a la costa antes de que el sol llegue al punto más alto del cielo!- gritó mientras abría las puertas del camarote y aplaudía a los pasajeros y grumetes para que despertasen- ¡Vamos, moveos, rápido!- gritaba incesante.
Rápidamente, los marineros levaron anclas y se prepararon para dar los últimos pasos hasta Thani.
Aima aún no podía creer lo que estaba ocurriendo, estaba volviendo a su hogar, después de tanto tiempo luchando por defender a su pueblo y, en ocasiones, a otras razas que hasta ese momento no habían visto sus ojos. Mientras se iban acercando cada vez más a la costa, Aima observaba el paisaje de la isla e iba recordando. Recordaba las ancestrales raíces del árbol Skynda emergiendo del agua y resistiendo las fuertes olas del Mar Brumoso que chocaban contra ellas y se transformaban en pequeñas gotas de agua que volvían a caer al mar continuamente. Siempre volvían al mar. ¿Sería ella una gotita de agua que, tras luchar con un poder mucho mayor que ella, volvería siempre al mar? Sería bonito pensar que así fuera, pero una sensación de inseguridad se apoderaba de Aima, aún no estaba segura de que la calma reinara el resto de su existencia, ya que fue educada para que luchara por establecer el equilibrio y la calma, pero, cuando ya se establece, ¿por qué lucharía ahora?
Intentó despejar esos pensamientos de su mente y centrarse en recoger y preparar su equipaje para la vuelta. Entró en su camarote y comenzó a guardar sus cosas. “Creo que lo llevo todo” pensó. “Mis emblemas, las medallas de reconocimiento, las camisas, el jubón, la capa… Sí, creo que está todo” pensó.
En ese instante notó que el Honoris se había parado. Rápidamente cogió sus cosas y salió del camarote para comprobar que no había sucedido nada. Sus ojos no la engañaban. El Honoris había arribado en el muelle de Thani. Se oyó la campana que anunciaba la llegada. Lo recordó todo al instante. Los violáceos arboles abrazaban las cabañas de pescadores, el mensajero real les aplaudía sin cesar con una sonrisa de aprobación en su rostro, y con él estaban los grifos, descansando en sus nidos y alzando sus alas con alegría, su bello plumaje bronce ondeaba al viento dejando destellos metalizados.
La tripulación les despidió con alegría clamando al viento que eran héroes, y los que estaban allí, esperando en el embarcadero para subir al Brisa Nocturna, les aplaudieron fervientemente.
Después de ese recibimiento, los thanirios del embarcadero subieron a su barco mientras se despedían de ellos.
Aima, junto con el resto de guerreros que pasaron tanto tiempo lejos de la Isla Madre, se dirigió al portal que la llevaría a la capital de su reino, Kirith. Tras atravesarlo, lo primero que vieron sus ojos fue el centro del gran primárbol tallado con la forma del primer titán thanirio, padre y fundador de la gran Thani, alzando sus brazos hacia el cielo mientras sujeta la descomunal copa del árbol. Las casas de la ciudad estaban construidas sobre los troncos de las gigantescas ramas secundarias de hojas púrpura. El tenue brillo delsol atravesaba las ramas de los árboles que custodiaban la ciudad convirtiendo el lugar en un sitio mágico. La ciudad estaba coronada por el Templo del Sol Oscuro, lugar de rezo e inspiración. Los protectores de la ciudad, antiguos ancestros y espíritus incorpóreos se paseaban con tranquilidad por las empedradas calles dejando un rastro de luz incandescente a su paso.
La tranquilidad gobernaba la ciudad hasta que una joven titánide vendedora de fruta los vio llegar.
  • ¡Oh, por todos los ancestros! ¡Bienvenidos!- exclamó emocionada.
En ese momento empezó a correr por todo Kirith gritando:
  • ¡Titanes de Kirith! ¡Ya han llegado nuestros héroes! ¡Han llegado! ¡Han llegado!
Antes de que se pudieran dar cuenta, todo Kirith los habían rodeado y les aclamaban. Unas jóvenes sacerdotisas les entregaron unos colgantes con el sol oscuro, símbolo de Ireth, para darles la bienvenida. Una joven se acercó lentamente hacia un compañero de Aima al que destinaron a luchar en Umbridor, un páramo desolador y triste en los reinos de los seres menores. La joven titánide tenía la piel grisácea como la roca maciza de los acantilados a los pies de la montaña Kalea y el pelo añil como la noche más oscura recogido en una larga trenza. El compañero de Aima y ella se fueron acercando, se miraban como si estuvieran teniendo una visión. Como si no existieran. Entonces, cuando ya estaba suficientemente cerca, le acarició suavemente la cara con el dorso de la mano y él comenzó a llorar. Se fundieron en un abrazo casi al instante. Lloraron y se susurraron palabras al oído. Todos los presentes se conmovieron con la escena. Cuando se separaron, Aima se acercó a ellos.
  • Thalas ind-Ameth, amigo. Ya estás en casa.- dijo Aima apoyando la mano en su hombro.
Después se giró hacia la joven que aún lloraba.
  • Eres muy afortunada, tu marido es muy valiente y debes estar orgullosa de él.- el titán sonrió a Aima.
  • Ind Dur-Ameth Aima, eres un gran guerrera.- dijo la joven.

Delirios de una soñadora

Seré una loca antigua pero el mundo va demasiado deprisa, antes de poder disfrutar de lo que se tiene ya se ha inventado algo mejor, ya no existen las cosas "nuevas" porque antes de poder terminar esa palabra ya se ha inventado algo mejor, más rápido, más pequeño, con más contenido y con un diseño más sofisticado. Pero, ¿cuál es el precio por entrar en la globalización?, con Internet disponemos de más información de la que somos capaces de asimilar, hablamos desde nuestra casa con nuestros amigos (o eso creemos nosotros) sin ni siquiera poder verles la cara o sin poder oir como se rien, con un simple "jaja" o "XD" nos lo dicen todo. Se supone que vivimos en un mundo más libre que antes pero, ¿no estamos atados a este estilo de vida?, ¿no nos dijeron desde pequeños que necesitábamos Internet para hacer nuestros trabajos?, ¿no nos dicen que tenemos que entrar en este gran mundo para poder hablar todos los días con las mismas personas sobre los mismos temas hasta que no tengamos nada que contar?, que tenemos que estar siempre cambiando nuestra foto de perfil para que la gente sepa que tienes vida social y contra más amigos tengas serás mucho mejor, que un puñado de desconocidos lo sepan todo sobre tí.
Con todo esto de la globalización ganamos muchos avances y progresos pero, en mi opinión, perdemos muchas otras cosas importantes, perdemos nuestras raíces y nuestra cultura original, perdemos el poder pasear tranquilamente por un bosque en vez de correr por una calle de hormigón siendo empujado por toda la masa de personas que viven en la jungla de asfalto, oir el sonido del riachuelo en vez de las sirenas de los coches, oler a hierba mojada en vez del olor del humo de las fábricas. Pero lo peor de todo esto es que la sociedad nos empuja a vivir así y nadie se da cuenta de que el consumismo y el capitalismo solo son producto del bombardeo de productos y de información que recibimos a diario, y de la ambición y el inconformismo humanos. Pero después de todo quizás solo sean los delirios de una soñadora.

La Dama Errante

A lomos de un corcel de nácar se pasea por los bosques del norte una mujer desnuda. 
Expulsada del mundo de los seres de la Bruma, vaga con el corazón helado y unos ojos sin pupilas. 
Su larga cabellera cae sobre el lomo de su caballo y se arrastra entre las raíces de los árboles. 
No pertenece a ningún lugar. No está viva ni está muerta. Ayuda a los viajeros perdidos en la niebla. 
Si tienen un corazón lleno de bondad les mostrará el camino a su hogar
 pero si en su corazón albergan un resquicio de maldad,
 les llevará hasta La Ciénaga. No sentirá lástima por ellos porque nadie sintió lástima por ella. 
No busca venganza por su cruel pasado, solo justicia. 

Atardecer

Caen las primeras luces del atardecer. Yo estoy paseando escaleras arriba y escaleras abajo cuando, de repente, miro hacia los grandes ventanales del piso superior de la casa. Noto que un calor roza mi piel desnuda de los hombros, el cuello y las mejillas, y me giro. Oculto entre una red entretejida de árboles, se esconde el sol de la vieja tarde. Un sol que muere entre las casas y los árboles del pueblo en el que crecí.

 Me quedo fijamente mirando hacia el sol esperando que el también me mire a mi. Siempre me han dicho que es perjudicial mirar al sol directamente, pero me pregunto cómo no mirarlo cuando tiene una belleza tan embriagadora. Los últimos resoplos de vida se agitan entre las ramas bajo la fresca brisa de la noche venidera y contemplo el paisaje con quietud y largo silencio. El sol se vuelve cada vez más rojo y tiñe el cielo de bellos colores. Los colores más cercanos al sol son rojos, naranjas y amarillos y, a medida que nos vamos alejando, se tornan rosas, violetas, morados y añiles, hasta que divisas a lo lejos la frialdad de la noche que se avecina. Busco una silla y dejo que el tiempo pase mientras observo al sol ocultarse. 

Por algún motivo que desconozco, los atardeceres me hacen pensar. Pensar en muchas cosas. En la belleza del mundo, de la naturaleza. Me hacen recordar lo efímero de la vida y nuestro paso en el mundo. Cuando yo ya no esté, cuando mi familia no exista ni el mundo en el que vivimos, el sol seguirá poniéndose todos los días dando paso a una larga y fría noche que parece no tener retorno. Una noche que oscurece nuestras almas y nuestros corazones. Que nos hace sentirnos desprotegidos y desamparados, y solo deseamos dormir. 

Dormir para no tener que enfrentarnos a las sombras de la noche y a las pesadillas. Esperando que el sol regrese, que no nos abandone, que nos guíe y nos haga ver la luz. Que nos traiga de nuevo el calor de sus rayos y la esperanza de que, tras una larga noche, nos aguarde un nuevo día.

Locura interior

De pétreas facciones me observaba desde el otro lado de la calle. Notaba sus ojos muertos sobre mi nuca. Sin vida. Sin alma. Allá a donde yo me moviera, él me seguía con esos frios ojos inertes. Ojos apesadumbrados. Manos ensangrentadas y corazón vacío. Alas libertadoras que me encarcelan, me oprimen el pecho y me persiguen. Se mueve sin moverse. Sabe lo que hago y cuando lo voy a hacer. No tengo escapatoria, no hay refugios. No seré ni la primera ni la última que no siente. Miro a mi alrededor y donde antes había gente ahora no hay nadie. Estoy sola. A la intemperie de sus ojos. Al alcance de sus manos. De esas manos. Aquellas que atrapan y no sueltan. Le noto cerca a pesar de estar tan lejos. Mis ojos se empañan y necesito huir. Pero no se puede. Él te mira. Sabe lo que sientes y le gusta. Podría solucionarlo pero no quiere. Solo decide quedarse quieto. Observando desde aquella esquina. Escrutando el interior de las personas sin que ellas lo sepan. No me toca pero lo noto muy adentro. En lo más profundo de mi alma. Observando. Descifrando los secretos más oscuros de mi alma. Los descifra y le gusta lo que ve. Me da asco lo que piensa. Me da asco lo que siente. Me da asco lo que ha encontrado. La caja de Pandora de mis deseos. Y quiere abrirla. Yo sé que quiere abrirla. Pero no le dejaré que lo haga. Ha llegado a la ciénaga de mis ideas, de mis pensamientos más ocultos, y no le dejaré que los saque. Cierra los ojos, respira hondo y no pienses. Al abrirlos todo ha desaparecido. La gente pasea por las calles, ajena a mi locura. Y vuelvo a mirarle. Solo es una estatua.

Y duermo

El frío atenazaba todos mis músculos. Humo se deslizaba por mi garganta hasta mi boca, expulsando el calor de mi cuerpo. Sobre una roca observaba el paisaje que se abría ante mi.
Un gran río helado de aguas brillantes y cristalinas se movía lentamente sobre su cauce acunado por montañas nevadas. Altas montañas que tocaban un cielo impregnado de nubes que se confundían con la nieve de las cumbres. Roca viva, montañas tan vivas como muertas. Montañas con alma que hibernaban, esperando florecer en primavera. Bebiendo de las orillas del río, infinitos bosques de abetos cuyo final no lograba a divisar en su espesura. Altos, fuertes y de oscuro verdor custodian como fieles soldados las aguas del rio. Un río inerte que descansa de su largo recorrido y duerme. Y duerme. Y duerme. Y yo, cansada de mi largo caminar, me dejo mecer por el sonido del viento sobre las aguas. El canto de las montañas. Y los susurros de los árboles. Copos de nieve caen sobre mis ojos y duermo. Duermo con el viento. Duermo con el río. Duermo con los árboles. Duermo con las montañas.
Y duermo.
Y duermo.
Y duermo.

Las tristes alas de tu destino

Y bajo las atentas miradas de los niños, sus lágrimas se escondieron tras sus párpados ocultándose de la luz del sol naciente, el momento estaba a punto de llegar, sin poder detenerse a pensar en todo lo vivido, no hay suspiros ni lamentos en su boca, ni más lágrimas que derramar, los temblores y el miedo no desaparecen, el sudor corría por su frente y su espalda estaba mojada, no quedan preocupaciones en su alma pura y cálida.
El frío está llegando de forma inminente, las mariposas de su estómago desaparecen y el dolor se apodera de su ser como si un rayo atravesase sus entrañas, roídas por el paso de los años y que el tabaco y el alcohol han tornado grises y marchitas. Y su mirada, ¡Ay, su mirada!, el brillo de sus ojos desaparece lentamente como si se tratase de la más pequeña de las estrellas del firmamento que se oculta al llegar el azulado y ocre alba despidiéndose con una sonrisa de sus hermanas y dando paso a un nuevo día que no volverá a ver jamás. Los profundos mares tranquilos que habitaban en sus ojos se han tornado turbios y oscuros como si miraran una tormenta que nunca termina y que envuelve en tristeza todo cuanto toca. Su boca está seca y árida como en aquellos desiertos de palabras en los que nos perdimos los dos durante tantos años. 
Tu pelo se tornó lacio y sin vida, nunca recordé verte así, las canas entretejidas en tu cabello se han multiplicado y han perdido sus brillos plateados. Todavía recuerdo que tu pelo era del color del ágata en tu juventud y tu sonrisa permanecía callada y tímida.  
De tu boca ya no salen las palabras que me enseñaste ni los valores que me obligaste a aprender con tanto esmero y rectitud. Confieso que lo pasé mal pero daría un año de mi vida por volver a escucharlas y poder contarte todo lo que no te he dicho nunca, me habría gustado poder entenderte y volver a reírnos juntos hasta llorar. Quise comprenderte pero me costó demasiado escucharte para entender lo que me decías. Quería gritar de furia y dolor al mismo tiempo, quería congelar ese instante en un solo segundo y no perderte jamás. Pero te has dormido plácidamente, tu cara solo expresa calma, una calma que no volverá a alterarse nunca más porque ya no hay emociones, ya no hay alma en tu cuerpo inerte. Pero tu sabías que terminarías así, eran las tristes alas de tu destino.