miércoles, 10 de diciembre de 2014

Platónico dicen...

¿Sabes esto de que vas por la calle y cruzas la mirada con un desconocido? Seguro que te ha pasado miles de veces todos los días pero, vamos a concretar un poco.

Pondré un ejemplo de situación. Vuelves del trabajo o de clase, vas andando por la calle con prisa porque puedes perder tu tren, que sale en cinco minutos. Oyes en la estación que va a salir del andén y no corres, no se le puede llamar correr, digamos que vas por la estación prácticamente haciendo parkour para poder llegar a tiempo. Las puertas se cierran tras de tí sintiéndote Indiana Jones y, después de intentar quitar tu cara de "¿Lo habeis visto?", intentas buscar un sitio donde sentarte. Solo queda un hueco en tu vagón, y no te vas a poner a buscar más, así que incrustas tu culo como puedes y miras hacia delante y ¿qué ves? el amor de tu vida sentado frente a ti con sus cascos puestos y mirando por la ventana hacia la lejanía.


Aquí, en este preciso instante, es cuando la percepción que tienes de esa persona comienza a transformarse por momentos. Ya no es uno más del vagón. Es el amor que tanto has estado buscando y que aún no te conoce. El proceso sigue unas fases.


La primera fase es que le miras como de reojillo constantemente, intentando disimular esa extraña obsesión momentánea por un completo desconocido. Y ya te empiezas a preguntar cosas como ¿qué tipo de música estará escuchando? entonces le revisas de arriba a abajo y deduces que es un apasionado de la música rock... ¡Como tú! ¿qué coincidencia, verdad? Después analizas sus gestos... Está mirando a través de la ventana hacia lontanaza. Y ahora, muy atentos a la deducción más absurda que os podáis echar a la cara. Como mira hacia la lejanía, seguro que es una persona profunda y sensible. Venga vamos... Con un par de ***. Igual está trabadísimo mirando los edificios mientras escucha electrolatino (en ese caso se recomienda santiguarse). Pero, eh, eso sería muy poco profundo de tu parte porque te acabas de "enamorar platónicamente".


En una segunda fase, ya tiras por el físico (el orden de las fases puede estar sujeto a variaciones según la persona enamorada). Observas sus preciosos ojos, su sexy boquita de piñón, su encantador cabello despeinado todo hecho una maraña. Te está pareciendo encantador, irresistible. En el fondo quieres que te mire pero, cuando lo hace, miras para otro lado y sientes que vuelves a la adolescencia. Incluso puede que te sonrojes. Sabes que es ideal para tí, que estáis hechos the one for each other...


Y la tercera fase es la de "vuelta a la realidad". Es la parte más desalentadora. Después de habernos dado cuenta de que no estamos en un cuento de Disney y que las hadas y los unicornios no existen, entendemos la realidad. No sois un príncipe ni una princesa . Y, lo peor de todo, es que estás haciendo sentirse incómoda a esa persona porque, donde tú ves una historia de amor de un libro de caballería, el otro solo ve a una persona que no para de escrutarle con la mirada de arriba a abajo con ese extraño brillo en los ojos.


Exacto, ahora te sientes como el protagonista de la canción Every breath you take. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario